venerdì 10 aprile 2026

EL SEPULCRO/IL SEPOLCRO

de/di Mario Míguez
(trad. Marcela Filippi)

Un sepulcro cerrado de losas de granito,
desgastadas, pulidas poer el tiempo,
de un color gris muy suave,
recubiertas melancólicamente
de líquenes y musgo.
Carece de inscripción o efigie alguna.
Parece que tuviera miles de años.
Alrededor hay hiedra, y apenas unas hojas
lo rozan. El espacio que acoge su sosiego
es de húmeda penumbra. El aire es frío. Es tarde.

Y de pronto, al mirarlo, percibo claramente
que soy yo que está en él encerrado,
que aquel es mi sepulcro.
Pero sé sin embargo que allí yo no estoy muerto,
que no hay dentro un cadáver,
y que yo lo miro desde fuera
soy el que no está vivo.
Pues mi vida ―esta vida―
no es más que otro sepulcro en que estoy encerrado,
y dentro de esta vida sí estoy muerto.

Dirijo la mirada en torno mío:
herida por la noche+ha perdido su sangre la penumbra;
todo es sombra confusa que se borra;
la luz es tan escasa que es inútil.
Se oye el ruido, el desorden de los vientos.
Pero en cielo brillan las primeras estrellas
con sencilla hermosura incomparable:
son pureza, quitud y lejanía.
Cuando vuelvo la vista hacia mi tumba
veo un brillo que surge, lento y cálido,
de su centro invisible. Latiendo silencioso
se ha extendido hacia fuera:
poco a poco se filtra suavemente
por entre las junturas de las losas
con una luz igual a la de las estrellas.



Un sepolcro chiuso da lastre di granito,
consumate, levigate dal tempo,
di un colore grigio tenue,
ricoperte malinconicamente
da licheni e da muschio.
Privo d’effigie o d’iscrizione alcuna.
Sembra che rechi in sé migliaia di anni.
Attorno l’edera lo cinge, e poche foglie
lo sfiorano. Lo spazio che accoglie la sua quiete
è di umida penombra. L'aria è fredda. È tardi.

E d'un tratto, guardandolo, mi è chiaro
che sono io lì dentro rinchiuso,
che quello è il mio sepolcro.
Ma so pure che là io non sono morto,
che dentro non v’è salma alcuna,
e che io che lo guardo da fuori
sono colui che non vive.
Poiché la mia vita — questa vita —
non è che un altro sepolcro in cui sono rinchiuso,
e dentro questa vita, sì, io sono morto

Volgo lo sguardo intorno a me:
ferita dalla notte
la penombra ha perso il suo sangue;
tutto è ombra confusa che si dissolve;
la luce è così stanca che è vana.
Si sente il rumore, il disordine dei venti.
Ma in cielo, le prime stelle brillano
di una bellezza semplice e incomparabile:
sono purezza, quiete e distanza.
Quando volgo lo sguardo verso la mia tomba,
vedo un bagliore che sorge, lento e calido,
dal suo centro invisibile. Palpitando silenziosamente,
si è diffuso verso l'esterno:
a poco a poco filtra dolcemente
tra le commessure delle lastre
con una luce simile a quella delle stelle.

                         (De Pasos. Colección La Cruz Del Sur. Editorial Pre-Textos, 2006)

 

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