martedì 9 giugno 2026

INVIERNO/INVERNO

de/di Clara Janés
(trad. Marcela Filippi)

Cae la nieve de pisada blanca
sobre la tarde de los campos yermos.
Lento reclina su alegría el sol
                     en los aleros.

Pierde equilibrio y claridad el cielo.
Flota en el aire de la hora última
una tristeza que lo llena todo.
                      Todo lo encierra.

Quiero vivir desde la tierra misma
esa tristeza y la tristeza mía,
de ala naranja y amarilla, cálida
                      bajo la nieve.

Quiero cantar y para siempre, a gritos,
días que mueren con el alma roja,
toda la vida, la tristeza toda.
                    Siempre y ahora.



Cade la neve dalla candida impronta
sulla sera dei campi desolati.
Lento adagia la sua gioia il sole
                  sulle grondaie.

Perde equilibrio e chiarezza il cielo.
Fluttua nell'aria dell'ultima ora
una tristezza che pervade tutto.
                     Tutto avvolge.

Voglio vivere dalla terra stessa
quella tristezza e la mia tristezza,
d'ala arancione e gialla, calda
                        sotto la neve.

Voglio cantare e per sempre, a gran voce,
giorni che muoiono con l'anima rossa,
tutta la vita, la tristezza tutta.
                     Sempre e ora.

                                  (De ResonanciasCatedra, Letras Hispánicas, 2022) 

AL PASAR/PASSANDO

de/di Karmelo C. Iribarren
(trad. Marcela Filippi)

La has visto en un bar,
con gente, feliz, riéndose...
Y te ha dado alegría su alegría
y un poco de tristeza
lo efímero que es todo.


L'hai vista in un bar,
con gente, felice, che rideva...
E ti ha dato gioia la sua gioia
e un po' di tristezza
l'effimero che consuma ogni cosa.

                                          (Poesía completa 1993-2019. Colección Visor de poesía) 

UBI SUNT

de/di Juan Carlos Mestre
(trad. Marcela Filipi)

Plácido Abraam, farmacéutico, también llamado patriarca de la multitud. solía repetir: este pueblo está lleno de ubi sunt. Y la grente asentía con la cabeza como si dijese vaya viento se ha levantado o qué manera de llover. Iba al bar y pedía un ubi sunt, una especie de cortado con dos gotas de leche. Con quien se cruzase el saludo era: ubi sunt. Al presentarse, al desperdirse, ubi sunt para arriba, ubi sunt para abajo. Hasta que llegó el latinista. Y cómo era el latinista Adán, nombre que por cierto significa hecho de tierra, como para no dejar las cosas claras. Ubi sunt? Efectivamente esclareció sin atisbo de duda: Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere? Y todos entonces respiramos con alivio, pues al fin y al cabo tranquilizaba saber que éramos los mismos que ya habíamos vivido entonces.


Plácido Abraam, speziale, detto anche il patriarca della moltitudine, era solito ripetere: questo paese è pieno di ubi sunt. E la gente assentiva con la testa come se dicesse che vento che si è alzato o che modo di piovere. Andava al bar e chiedeva un ubi sunt, una specie di ristretto con due gocce di latte. Con chiunque si incrociasse, il saluto era: ubi sunt. All'arrivo, al congedarsi, ubi sunt  per ogni dove. Finché non arrivò il latinista. E poché il latinista era Adamo, nome che per l'appunto significa fatto di terra, tanto per non lasciare le cose chiare. Ubi sunt? Effettivamente chiarì senza ombra di dubbio: Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere? E tutti abbiamo tirato un respiro di sollievo. perché ci pacificò sapere che eravamo gli stessi  già vissuti allora.


                                 
                                    (De Asamblea. Poesía reunida 1975-2025. Galaxia Gutemberg, enero 2026)

 

MI MESA DE MADERA ES DEL TAMAÑO DE UN NIDO/IL MIO TAVOLO DI LEGNO HA LA GRANDEZZA DI UN NIDO

de/di Basilio Sánchez
(trad. Marcela Filippi)

ES un grupo de hombres y mujeres.

Se desplazan absortos en su misericordia
bajo la caravana de las nubes
y la inmensa
soledad de la luz.

Desde lejos
nos parece que cantan, pero sólo
conversan con los muertos,
con las casas en ruinas,
con los monasterios abandonados.

Cada uno posee su propia historia.
Cada uno preserva para sí su propio enigma.


È un gruppo di uomini e di donne.

Si spostano assorti nella loro misericordia,
sotto la carovana delle nuvole
e l'immensa
solitudine della luce.

Da lontano,
ci sembra che cantino, ma parlano
soltanto con i morti,
con le case in rovina,
con i monasteri abbandonati.

Ognuno possiede la propia storia.
Ognuno custodisce per sé il proprio enigma.


(De He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes. Loewe Fundación. Colección Visor de Poesía)

 

CANTOS DE SIRENA/CANTI DI SIRENE

de/di Víctor Jiménez
(trad. Marcela Filippi)

La mujer que tú soñabas
ha sido siempre la misma,
aunque con distintas caras. 


La donna che sognavi
è sempre stata la stessa,
anche se con altre sembianze.


                                 (De Tiros al aire. Editorial Libros de la herida, 2026)

 

lunedì 8 giugno 2026

VICTORIA/VITTORIA

de/di María Víctoria Atencia
(trad. Marcela Filippi)

Estaba abierto el cielo y mi hijo en mis brazos,
tan indefenso y tierno y aterido y fragante
que lo sentí una obra sólo mía, victoria
de un cuerpo paso a paso ofrecido a su cuerpo.
Lo envolví con mi aliento y él tuvo el soplo tibio
en el que una paloma se sostenía en vuelo.


Il cielo era aperto e mio figlio tra le mie braccia,
così indifeso e tiepido e intorpidito e profumato
che io sentivo un'opera mia soltanto, vittoria
di un corpo che si offre a un altro corpo.
L'ho protetto col mio respiro e lui ebbe un soffio tiepido
su cui una colomba si sosteneva in volo.


(De Una luz imprevistaPoesía completa.Catedra Letras Hispánicas,2021) 

EN LA LOMBRIZ DE TIERRA, NADA ES TIERRA/NEL LOMBRICO DI TERRA, NULLA È TERRA

de/di María Ángeles Pérez López
(trad. Marcela Filippi)
                                                                                                             con Claudio Rodríguez

En la lombriz de tierra, nada es tierra. ¿Acaso a ella le importa su apellido? ¿La prudente certeza de las taxonomías? ¿La sucesión arbórea de nombres en latín que hunden sus raíces en la tierra más blanda? 
    Cuando se mueve, avanza en lo invisible. Anélido vibrante, conjetura, coágulo de tiempo entre lo oscuro. Su traslación es blanda y sinuosa, no acepta ni la línea ni el triángulo ni ningún mecanismo de lo rígido. No puede imaginar que otras especies reñimos violentamente con nuestros huesos. Que los soportamos con la resignada obstinación de quien carga todo el peso de la ley. 
     En el dócil cilindro de su cuerpo, entra y sale la tierra sin parar. Pero en ella hay tan solo ondulación. La insólita respuesta a los cambios de luz. El flujo en que persigue su deseo como si fuera un pez brillante bajo el agua al que no puede ver ni atrapar con las manos. 
    Sin embargo no siente ninguna desazón. En ella nunca cabe la sospecha, solo el tenaz empuje de lo vivo hacia todas las formas de lo vivo, la ebullición inquieta en lo ilegible.
    Cuando baja hasta el mundo sin temor, ¿tropieza con la sangre derramada? Por ejemplo en Magenta o Nagasaki, en El Cairo y Alepo, en Srebrenica, ¿se empapa, pegajosa, de esa sangre? ¿De su alarido hirviente? ¿Del cauce enardecido con que el odio moja la piel oscura de los campos como ácido que mana sin ceder? ¿También de las ciudades, que se hincan de rodillas sobre sus edificios más humildes?
    Cuando entran en el mundo sin temor, las lombrices conocen lo baldío, lo seco, lo atrapado en la intemperie. Pese a ello, descienden a la luz. Bajan por ascensores de cristal en los que entra pastoso el territorio y trasladan la dicha a todas partes. Sacramento y unción de la materia.
        Después serán tomadas como cebo. Igual personas, campos y ciudades servirán como cebo y como espita. Agitarán temblando su temor en la boca arrasada de la muerte. 
    Pero antes, siempre antes de ese instante, es suya la hipótesis feliz de los anillos que unen cada parte de su cuerpo como se une el todo con el todo. Por eso conspiran y eclosionan hacia el barro, la tierra primordial. Por eso no aceptan venir hasta aquí y convertirse en línea y armazón, en verso empobrecido de esta página.
    ¿Cómo haré para entrar en su abandono, en la respiración concéntrica de lo que no se sabe? 
    Eslabón prodigioso en lo fugaz. 
    La alegría, impasible, invertebrada.


Nel lombrico di terra, nulla è terra. Forse a questo importa del suo cognome? Della prudente certezza delle tassonomie? Della successione arborea di nomi in latino che affondano le loro radici nella terra più morbida?
    Quando si muove, avanza nell’invisibile. Anellide vibrante, congettura, coagulo di tempo tra l'oscuro. Il suo mutare di luogo è morbido e sinuoso, non accetta né la linea né il triangolo né alcun meccanismo di ciò che è rigido. Non può immaginare che noi altre specie litighiamo violentemente con le nostre ossa. Che le sopportiamo con la rassegnata ostinazione di chi carica tutto il peso della legge. 
    Nel docile cilindro del suo corpo, entra ed esce la terra senza sosta. Ma in esso c'è solo ondulazione. L’insolita risposta ai cambi di luce. Il flusso in cui insegue il suo desiderio come se fosse un pesce brillante sotto l'acqua che non può vedere né afferrare con le mani.
    Tuttavia non prova alcun dispiacere. In esso non c'è mai spazio per il sospetto, solo la tenace spinta di ciò che è vivo verso tutte le forme viventi, l’ebollizione inquieta in ciò che è illeggibile.
    Quando scende nel mondo senza timore, s'imbatte nel sangue versato? Per esempio a Magenta o Nagasaki, al Cairo e Aleppo, a Srebrenica, si impregna, appiccicoso, di quel sangue? Del loro grido furente? Del canale incandescente con cui l’odio bagna la pelle oscura dei campi come acido che sgorga senza cedere? Anche delle città, che si mettono in ginocchio sui loro edifici più umili?
    Quando entrano nel mondo senza timore, i lombrichi conoscono la terra brulla, l'arido, ciò che è imprigionato nell’intemperieNonostante ciò, discendono verso la luce. Scendono attraverso ascensori di cristallo nei quali entra pastoso il territorio e trasferiscono la gioia ovunqueSacramento e unzione della materia.
    Poi saranno presi come esca. Allo stesso modo persone, campi e città serviranno come esca e come sfogo. Agiteranno tremando la loro paura nella bocca devastata dalla morte.
    Ma prima, sempre prima di quell’istante, è sua l’ipotesi felice degli anelli che uniscono ogni parte del suo corpo così come si unisce il tutto con il tutto. Per questo cospirano si schiudono verso il fango, la terra primordiale. Per questo non accettano di venire fin qui e trasformarsi in linea e armatura, in verso impoverito di questa pagina.
Come farò per entrare nel suo abbandono, nella respirazione concentrica di ciò che non si sa?
    Anello prodigioso in ciò che è fugace.

    La gioia, impassibile, invertebrata. 


                                                                                          (De Incendio Mineral. Editorial Vaso roto)