de/di Olalla Castro
(trad. Marcela Filippi)
Inventamos la palabra,
círculo de sal,
para ahuyentar a los muertos
que volvían de noche
a acariciarnos las manos
–para hablar por encima
del miedo y su siseo–.
Creímos que nombrar el temblor
lo detendría.
Pero es al pronunciarlo
cuando el mundo tirita.
Abbiamo inventato la parola
cerchio di sale,
per spaventare i morti
che tornavano di notte
ad accarezzarci le mani
–per parlare più forte
della paura e del suo sibilo–.
Credevamo che dare un nome al brivido
lo avrebbe fermato.
Ma è quando lo si pronuncia
che il mondo sussulta.
(Del libro Todas las veces que el mundo se acabó. II Premio Internacional de Poesía. Ciudad de Estepona. Editorial Pre-Textos, 2022)