venerdì 22 novembre 2019

PRELUDIO

de/di José Antonio Ramos Sucre
(trad. Marcela Filippi)
YO QUISIERA estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige, impertinente amada que me cuenta amarguras.
Entonces me habrán abandonado los recuerdos: ahora huyen y vuelven con el ritmo de infatigables olas y son lobos aullantes en la noche que cubre el desierto de nieve.
El movimiento, signo molesto de la realidad, respeta mi fantástico asilo; mas yo lo habré escalado de brazo con la muerte. Ellas es una blanca Beatriz, y, de pies sobre el creciente de la luna, visitará la mar de mis dolores. Bajo su hechizo reposaré eternamente y no lamentaré más la ofendida belleza ni el imposible amor.

IO VORREI essere tra vuote tenebre, perché il mondo ferisce crudelmente i miei sensi e la vita mi affligge, impertinente amata che mi racconta amarezze.
Quindi i ricordi mi avranno abbandonato: ora fuggono e ritornano con il ritmo di instancabili onde e sono lupi ululanti nella notte che copre il deserto di neve.
Il movimento, segno molesto della realtà, rispetta il mio fantastico ricovero; ma io l’avrò scalato di braccio con la morte. Essa è una bianca Beatrice e, in piedi sul quarto di luna, visiterà il mare dei miei dolori. Sotto il suo incantesimo riposerò eternamente e non lamenterò più l’offesa bellezza né l'amore impossibile.

(de La torre de Timón)

LA SAL SOBRE CARTAGO/IL SALE SU CARTAGINE

de/di Santos Domínguez Ramos
(trad. Marcela Filippi)
Nació ya, junto al mar, bajo el signo del fuego.
Nada evitó el destino circular de su historia.
Ni máquinas de guerra, ni las altas murallas
ni el mar innumerable. Nada fue suficiente
y luego de arduos días y de duros combates
se alzó el humo compacto de las piras.
Y después del saqueo, la destrucción y un fuego
que era aquel mismo fuego que un día prendió en Troya,
sembraron sal en surcos
que el arado había abierto aquella primavera.
Desde el fuego se oyó la oscura profecía:
Vosotros, destructores,
veréis también el fuego destruir vuestra ciudad.
Y un día, como en Cartago,
alguien, cuando arda Roma, cerrará en su memoria
el círculo de fuego y evocará la Iliada:
–Un día llegará
en que arda sin remedio esta ciudad sagrada
y morirá el troyano amado de los dioses.
Y morirá su pueblo,
hábil en el manejo de las lanzas de fresno.

Era già nata, vicino al mare, sotto il segno del fuoco.
Nulla impedì il destino circolare della sua storia.
Né macchine da guerra né le alte mura
né l’innumerevole mare. Niente fu sufficiente
e dopo giorni ardui e duri combattimenti
il fumo compatto dei roghi si alzò.
E dopo il saccheggio, la distruzione e un fuoco
che era lo stesso fuoco che un giorno divampò a Troia,
seminarono sale nei solchi
che l'aratro aveva aperto quella primavera.
Dal fuoco si udì l'oscura profezia:
–Voi distruttori,
vedrete anche il fuoco distruggere la vostra città.
E un giorno, come a Cartagine,
qualcuno, quando Roma arderà, chiuderà in sua memoria
il cerchio di fuoco ed evocherà l'Iliade:
Verrà un giorno
in cui questa città sacra arderà senza rimedio
e morirà il troiano amato dagli dei.
E morirà il suo popolo,
abile nel maneggiare lance di frassino.

(de El viento sobre el agua, XXXVI Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez)