de/di Alejandro Céspedes
(trad. Marcela Filippi)
«La humanidad no puede soportar mucha realidad.»
T. S. ELIOT
El lugar de los cambios después del bombardeo,
las cortinas que ondean en casas sin paredes,
un comedor dispuesto a las miradas
que llegan de la calle, una cama bien hecha
rodeada de escombros, la lámpara que oscila
entre el olor a pólvora, la fachada en el suelo,
dentro huecos como apiladas cajas
con sus bocas abiertas
mostrando el interior del edificio
a la vista de todos,
enseñando sus caries en cada telediario,
varias veces al día.
Y lo que queda es polvo de un metal oxidado
que flota sobre el aire
mientras el dolor brilla como un bote de estaño
expuesto al sol encima de las ruinas.
Cenizas de unos sueños que caen guillotinados
se amontonan sin orden sobre las cuerdas flácidas
que sostienen la carpa de un circo destruido,
y sombras de esqueletos reptan obedientes
al chasquido del látigo de un domador de misiles.
Así se van deshaciendo el futuro y el pasado,
lo mismo que un árbol seco
que es comido por los hongos
y cagado por las máquinas.
La vida allí resiste igual que las mentiras.
Al final todo es tan fácil...,
seguir la línea de puntos
que está empeñada en besar
a un presente que no existe.
Así regresa el mundo a nuestros ojos,
circundando el olvido,
girando atolondrado alrededor
de una bola de espejos.
Aquí, del lado del azogue, nos reímos
aspirando la vida con total fruición
mientras allí la gente bebe azufre.
Hoy la quietud es una anomalía.
Allí siguen los perros husmeando
los rastros de sus dueños, cruzando por las calles
de ciudades perdidas en los mapas de Ucrania
que conservan el nombre únicamente,
mientras las bombas caen como racimos
de fruta envenenada,
mientras un relojero recoge los fragmentos
de un mundo destruido por los hombres
—los mismos que más tarde
querrán recomponerlo—,
mientras corren los sueños a esconderse
debajo de la sombra
que arrastra la guadaña del olvido,
mientras llora la hierba —igual que Ponge—
por todo lo que sabe y lo que calla.19
Dentro de cada instante hay un desastre
pensando cómo abrirse hacia el futuro.
Con qué arma disparar un dolor de tal calibre.
«L'umanità non può sopportare troppa realtà.»
T. S. Eliot
Il luogo della trasfigurazione dopo i bombardamenti,
tende che ondeggiano in case senza pareti,
una sala da pranzo disposta agli sguardi
che provengono dalla strada, un letto ben fatto
circondato da macerie, la lampada che oscilla
tra l'odore di polvere, la facciata a terra,
dentro cavità come scatole impilate
con le loro bocche aperte
esibendo l'interno dell'edificio
a tutti,
mostrando il loro decadimento in ogni notiziario,
più volte al giorno.
E ciò che rimane è polvere di metallo arrugginito
che fluttua nell'aria
mentre il dolore brilla come una barchetta di latta
esposta al sole sopra le rovine.
Ceneri di alcuni sogni che cadono ghigliottinati
si accumulano a casaccio sulle corde flaccide
che reggono il tendone di un circo distrutto,
e ombre di scheletri strisciano obbedienti
allo schiocco di frusta di un domatore di missili.
Così si vanno dissolvendo il futuro e il passato,
come un albero secco
mangiato dai funghi
e defecato dalle macchine.
La vita lì resiste come le menzogne.
Alla fine, tutto è così facile...,
seguire la linea tratteggiata
che è impegnata a baciare
un presente che non esiste.
Così ritorna il mondo ai nostri occhi,
circondando l'oblio,
girando smarrito intorno
a una sfera di specchi.
Qui, dalla parte del mercurio, ridiamo,
inalando la vita con totale godimento
mentre là la gente beve zolfo.
Oggi, la quiete è un'anomalia.
Là i cani continuano ad annusare
le tracce dei loro padroni, attraversano le strade
di città perdute sulle mappe dell'Ucraina
che conservano unicamente il nome,
mentre le bombe cadono come grappoli
di frutta avvelenata,
mentre un orologiaio raccoglie i frammenti
di un mondo distrutto dagli uomini
– gli stessi che poi
vorranno ricomporlo–,
mentre i sogni corrono a nascondersi
sotto l'ombra
che trascina la falce dell'oblio,
mentre l'erba piange – come Ponge –
per tutto ciò che sa e tutto ciò che tace.
Dentro ogni istante c'è un disastro
che pensa a come aprirsi al futuro.
Con quale arma sparare un dolore di tale portata?
(De Taller de relojería. Editorial Averso, Granada 2025)