giovedì 23 novembre 2017

Ti ho amata sempre nel silenzio/Te he amado siempre en el silencio

di/de Michele Mari
(trad. Marcela Filippi)

Ti ho amata sempre nel silenzio contando sull’ingombro di quell’amore e di quel silenzio ed anche quando poi ci siamo scritti la profilassi guidava la mia mano perché ogni senso fosse soltanto negli spazi bianchi e nondimeno mi sentivo osceno come se la piú ermetica allusione grondasse la bava del questuante
Mai in ogni caso dubitai che tu sapessi finché scoprimmo insieme di esser vissuti trent’anni nell’errore tu ignorando io presumendo e allora in un punto è stato chiaro che solo al muto il battito del cuore è rimbombante.

Te he amado siempre en el silencio
confiando en el tamaño
de aquel amor
y de aquel silencio
y aun después cuando nos escribimos
la profilaxis guiaba mi mano
para que cada sentido
estuviera sólo en los espacios blancos
y aun así me sentía obsceno
como si la más hermética alusión
rezumase la baba del cuestuante.

En todo caso dudé
que tú supieras
hasta que nos enteramos juntos
de haber vivido treinta años en error
tú ignorando
yo presumiendo
y entonces en un punto quedó claro
que sólo al mudo
el latido del corazón
retumba.


da “Cento poesie d’amore a Ladyhawke”, Einaudi, Torino, 2007

Ariadna recuerda/Arianna ricorda

(trad. Marcela Filippi)

Ahora que un dios habita mi carne y que sus manos
hacen crecer planetas y estrellas en mis hombros,
pienso en ti, hombre sin puerto,
pérfido hombre, en tus manos
de arenas y de miseria.
Cambiaría los días inmortales
por un gesto, una mueca de tus labios,
oh Teseo fugaz. Lo cambiaría
todo por regresar al laberinto,
por tocar una vez tus turbios dedos
para darte el ovillo.

Ora che un dio abita la mia carne e che le sue mani
fanno crescere pianeti e stelle sulle mie spalle,
penso a te, uomo senza porto,
perfido uomo, alle tue mani
di sabbia e di miseria.
Cambierei i giorni immortali
per un gesto, una smorfia delle tue labbra,
oh Teseo fugace. Cambierei
tutto per tornare al labirinto,
per toccare una volta le tue torbide dita
per darti il gomitolo.

MNEMÓSINE/MNEMOSINE

(trad. Marcela Filippi)

La memoria y el azar poseen hilos secretos que se cruzan en su lugar predilecto: el laberinto.
La memoria tiene pasadizos ocultos, pero no se pierde. Tú te pierdes en ella. Perder la memoria, en realidad, es perderse en la memoria. Es perder su hilo.
La memoria también es un bosque. Sus árboles, a veces, no te dejan verla. Procura siempre alcanzar un claro en su interior y trata de leer desde allí a María Zambrano, como quien celebra un ritual arcaico.
La memoria tiene vida propia. Tú no la tienes. Ella te tiene a ti.
La memoria tiene más futuro que pasado, aunque contenga todos los pasados.
La memoria puede ser silenciosa e invisible, pero está ahí, más viva que nunca, acechándote.
Cuando la memoria habla, tú callas. Cuando la memoria calla, tú ni hablas ni escribes. Te dejas llevar por su rumor.
La memoria no escribe hoy porque lo escribió todo mañana.
La memoria atesora personajes que parecen perdidos para siempre. Un día, que puede ser hoy, uno de esos personajes aparece y te dice lo que nunca se atrevió a decirte hace décadas. Son las viejas celadas de Mnemósine, madre de todas las musas.
La memoria se detiene algunas veces y rememora. Después vuelve con más bríos y te inunda.
La memoria es una mañana en el mar porque dos amantes escuchan el aria de las Bachianas brasileiras Nro. 5 de Villalobos.
La memoria es un territorio infinito, un légamo que no termina.
Pero la memoria suele dislocar su brújula y se va al pasado, por irse al futuro.
Se equivocó la memoria. Se equivocaba.

La memoria e il caso possiedono fili segreti che si intersecano nel loro luogo prediletto: il labirinto.
La memoria ha passaggi occulti, ma non si perde. Tu ti perdi in essa.Perdere la memoria, in realtà, è perdersi nella memoria. E’ perdere il suo filo.
La memoria è anche un bosco. I suoi alberi, a volte, non ti permettono di vederla.
Procura sempre di raggiungere una radura al suo interno e cerca di leggere da lì
Maria Zambrano, come chi celebra un rituale arcaico.
La memoria ha vita propria. Tu non ce l'hai. Lei ha te.
La memoria ha più futuro che passato, sebbene contenga tutti i passati.
La memoria può essere silenziosa e invisibile, ma è lì, più che mai a braccarti.
Quando la memoria parla, tu taci. Quando la memoria tace, tu non parli né scrivi. Ti lasci trasportare dai suoi rumori.
La memoria non scrive oggi perché ha scritto tutto domani.
La memoria raccoglie personaggi che sembrano perduti per sempre. Un giorno, che può essere oggi, uno di quei personaggi appare e ti dice ciò che non ha mai osato dirti dadecadi. Sono le vecchie insidie di Mnemosine, madre di tutte le muse.
La memoria qualche volta si ferma e rimembra. Dopo torna con più brio e ti inonda.
La memoria è una mattina al mare perché due amanti ascoltano l'aria delle Brachianas Brasileiras nro 5 di Villa-Lobos.
La memoria è un territorio infinito, un limo che non finisce.
Ma la memoria di solito disloca la sua bussola e se ne va al passato, per andare al futuro.
Si è sbagliata la memoria. Si sbagliava.

martedì 21 novembre 2017

Al idioma alemán/Alla lingua tedesca

de/di Jorge Luis Borges
(trad. Marcela Filippi)

Mi destino es la lengua castellana, El bronce de Francisco de Quevedo, Pero en la lenta noche caminada, Me exaltan otras músicas más íntimas. Alguna me fue dada por la sangre- Oh voz de Shakespeare y de la Escritura-, Otras por el azar, que es dadivoso, Pero a ti, dulce lengua de Alemania, Te he elegido y buscado, solitario. A través de vigilias y gramáticas, De la jungla de las declinaciones, Del diccionario, que no acierta nunca Con el matiz preciso, fui acercándome. Mis noches están llenas de Virgilio, Dije una vez; también pude haber dicho de Hölderlin y de Angelus Silesius. Heine me dio sus altos ruiseñores; Goethe, la suerte de un amor tardío, A la vez indulgente y mercenario; Keller, la rosa que una mano deja En la mano de un muerto que la amaba Y que nunca sabrá si es blanca o roja. Tú, lengua de Alemania, eres tu obra Capital: el amor entrelazado de las voces compuestas, las vocales Abiertas, los sonidos que permiten El estudioso hexámetro del griego Y tu rumor de selvas y de noches. Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde De los años cansados, te diviso Lejana como el álgebra y la luna.

Il mio destino è la lingua castigliana,
il bronzo di Francisco Quevedo,
ma nella lenta notte camminata
mi esaltano altre musiche più intime.
Qualcuna mi fu data dal sangue-
oh voce di Shakespeare e dalla Scrittura-,
altre dal caso, che è generoso,
ma a te, dolce lingua di Germania,
ti ho scelto e cercato, solitario.
Attraverso veglie e grammatiche,
della giungla delle declinazioni,
del dizionario, che non azzecca mai
con la sfumatura precisa, mi ci avvicinai.
Le mie notti sono piene di Virgilio,
dissi una volta; avrei anche potuto dire
di Hölderlin e di Angelus Silesius.
Heine mi ha dato i suoi alti usignoli;
Goethe, la sorte di un amore tardivo,
e nel contempo indulgente e mercenario;
Keller, la rosa che una mano lascia
nella mano di un morto che l’amava
e che mai saprà se è bianca o rossa.
Tu, lingua di Germania, sei il tuo capo-
lavoro: l’amore intrecciato
delle voci composte, le vocali
aperte, i sogni che consentono
lo studioso esametro del greco
e il tuo rumore di selve e di notti.
Ti ho avuta qualche volta. Oggi, al limite
degli anni stanchi, ti scorgo
lontana come l’algebra e la luna.

lunedì 20 novembre 2017

LOS ÁRBOLES/GLI ALBERI

de/di Eugenio Montejo
(trad. Marcela Filippi)

Hablan poco los árboles, se sabe. Pasan la vida entera meditando y moviendo sus ramas. Basta mirarlos en otoño cuando se juntan en los parques: sólo conversan los más viejos, los que reparten las nubes y los pájaros, pero su voz se pierde entre las hojas y muy poco nos llega, casi nada.
Es difícil llenar un breve libro con pensamientos de árboles. Todo en ellos es vago, fragmentario. Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito de un tordo negro, ya en camino a casa, grito final de quien no aguarda otro verano, comprendí que en su voz hablaba un árbol, uno de tantos, pero no sé qué hacer con ese grito, no sé cómo anotarlo.

Parlano poco gli alberi, si sa.
Passano la vita intera meditando
e muovendo i loro rami.
Basta guardarli in autunno
quando si incontrano nei parchi:
solo i più vecchi conversano,
quelli che ripartiscono le nuvole e gli uccelli,
ma la loro voce si perde tra le foglie
e molto poco ci giunge, quasi nulla.

E’ difficile riempire un breve libro
con pensieri di alberi.
Tutto in essi è vago, frammentario.
Oggi, per esempio, ascoltando un grido
di un tordo nero, già sulla via di casa,
grido finale di chi non aspetta un’altra estate,
compresi che nella sua voce parlava un albero,
uno dei tanti,
ma non so cosa fare con quel grido,
non so come scriverlo.

giovedì 16 novembre 2017

RETRATO EN 1987/RITRATTO NEL 1987

de Guillermo Sucre
(trad. Marcela Filippi)
A Mafer
Antes que las aguas que sólo sabemos que son
el Río porque una frágil estela las recorre
-es la misma lancha de la infancia;
antes que en las costas al fondo vayamos discer-
niendo a la ciudad –los brotes de tosco verde,
el manchón blanco de las casas, sus piedras;
antes que ese cielo se vuelva noche, estrellado
silencio –unas nubes blanquísimas ya lo cubren
y el azul se distancia, casi desaparece,
veo tu rostro que me ve, marcado por el dolor
y también la dicha, veo tus ojos que la luz
o la brisa rasgan, veo tu pelo que realza
la blancura de tu tez, el azul intenso del jean
derramándose sobre tu cuerpo, el ancho cintu-
rón ciñendo tu cintura, y veo tu boca, sus labios
que se cierran como imponiendo a la claridad
en vilo del instante una larga memoria,
un rescoldo o una historia trágica,
veo en fin a la dama sin armiño, la muchacha
que se deja tomar una foto frente a Angostura
casi por piedad, por elegancia, reverencia,
casi para no ser un retrato sino un paisaje,
esas aguas ahora densas, o más hondas, esa
ciudad atormentada por sus ruinas, y fluir
con la limpidez de una pasión a la intemperie.

Prima che le acque, che sappiamo solo essere
il Fiume perché una fragile scia le percorre
-è la stessa lancia dell'infanzia;
prima che nelle coste in fondo discer-
niamo la città - i germogli di aspro verde,
il macchione bianco delle case, le sue pietre;
prima che quel cielo diventi notte, stellato
silenzio - delle nuvole bianchissime già lo coprono
e il blu si distanzia, quasi scompare,
vedo il tuo volto che mi vede, marcato dal dolore
e anche dalla gioia, vedo i tuoi occhi che la luce
o la brezza fendono, vedo i tuoi capelli che risaltano
il candore della tua carnagione, il blu intenso dei jeans
spargendosi sul tuo corpo, la larga cintu-
ra cingendo la tua vita, e vedo la tua bocca, le sue labbra
che si chiudono come imponendo al chiarore
in bilico dell’istante una lunga memoria,
una traccia o una storia tragica,
vedo infine la dama senza ermellino, la ragazza
che si fa fare una foto davanti ad Angostura
quasi per pietà, per eleganza, riverenza,
quasi per non essere un ritratto ma un paesaggio,
quelle acque ora dense, o più profonde, quella
città tormentata dalle sue rovine, e fluire
con la limpidezza di una passione alle intemperie.

sabato 11 novembre 2017

UN MAPA O UN MENSAJE/UNA MAPPA O UN MESSAGGIO

de Santos Domínguez Ramos
(trad. Marcela Filippi)
¿Dónde la nada acopia su marea?
(Carlos Marzal)
Dejas a tus espaldas la suciedad, las sombras,
la turbia destemplanza matinal de la niebla
en la ciudad fenicia.
Y vas al protocolo de la liturgia, al énfasis
de estos perfumes blancos que el sol va calentando,
a las encrucijadas de la marea creciente
que lleva en la botella opaca de la vida
un mapa o un mensaje.
El nadador reposa fatigado
y mira la imprecisa fuga de aire y salitre
que trae el viento del mar
desde el desdibujado horizonte sin velas,
por el agua salada del olvido.
Sobre ella escribo ahora, en la Caleta
de Cádiz, una tarde de agosto, entre dos faros
por los que entra la noche.
Bajo una intransitiva destilación de sombras,
en el silencio verde que los submarinistas
comparten ya a esta hora con los muertos.

Una mappa o un messaggio

Dove il nulla raccoglie la sua marea?
(Carlos Marzal)
Lasci alle tue spalle la sporcizia, le ombre,
la torbida intemperanza mattutina della nebbia
nella città fenicia.
E vai al protocollo della liturgia, all’enfasi
di questi profumi bianchi che il sole va scaldando,
le diramazioni della marea crescente
che porta nella bottiglia opaca della vita
una mappa o un messaggio.
Il nuotatore riposa affaticato
e guarda l’imprecisa fuga di aria e salsedine
che il vento del mare porta
dall'indistinto orizzonte senza vele,
attraverso l’acqua salata dell’oblio.
Su di essa ora scrivo, nella caletta
di Cadice, una sera di agosto, tra due fari
attraverso cui entra la notte.
Sotto un’intransitiva distillazione di ombre,
nel silenzio verde che i subacquei
condividono ormai a quest’ora con i morti.