domenica 7 marzo 2021

Y DE PRONTO, UNA TARDE/IMPROVVISAMENTE, UNA SERA

 de/di Ana Montojo

(trad. Marcela Filippi)


Cuando ya apenas queda la imperceptible sombra

de lo que fui algún día,

de lo que fuimos todos

los que antes nos amábamos, pregunto

si fue verdad aquello que nos hizo llorar,

si fue tan importante lo que antes nos robó

el sueño y la sonrisa, aquello que nos hizo

enmudecer de miedo

cubriéndonos la piel de incertidumbre.


Las cosas se diluyen en el polvo del tiempo,

los rostros, los dolores, las imágenes,

y se opacan los brillos que nos iluminaron

la vida en un instante de locura.


Al final solo queda

un amasijo informe de emociones dormidas

en algún recoveco del recuerdo,

un temblor impreciso,

una caricia muerta entre las manos,

una mirada ciega a un ayer muy remoto,

una voz inaudible,

algún nombre, algún beso.


Y de pronto una tarde, cualquier tarde

de soledad, de hastío, de silencio,

de esas en que regresan los fantasmas,

nos irrumpe por dentro un inmisericorde vendaval

de historia hecha jirones.


Quando ormai rimane l'impercettibile ombra 

di ciò che un giorno sono stata,

di ciò che tutti siamo stati

quelli che una volta ci amavamo, mi domando

se fu vero ciò che ci fece piangere,

se fu così importante ciò che prima ci aveva sottratto 

il sonno e il sorriso, ciò che ci fece

ammutolire di paura

coprendoci la  pelle d'incertezza.


Le cose si diluiscono nella polvere del tempo,

i volti, i dolori, le immagini,

e divengono opache le radiosità che ci hanno illuminato 

la vita in un istante di follia.


Alla fine rimane soltanto

un miscuglio informe di emozioni addormentate

in qualche angolo della memoria,

un vago tremore,

una carezza morta tra le mani,

uno sguardo cieco a un ieri molto remoto,

una voce impercettibile,

qualche nome, qualche bacio.


E improvvisamente una sera, una sera qualsiasi

di solitudine, di noia, di silenzio,

di quelle in cui tornano i fantasmi,

ci investe da dentro una tempesta spietata

di storia fatta brandelli.


                                                  (del libro Este atronador silencio de los pájaros. Edit. Lastura, 2016)

sabato 6 marzo 2021

DAVID (Florencia/DAVID (FIRENZE)

de/di Santos Domínguez Ramos

(trad. Marcela Filippi)


No vuelve el corazón, pero la piedra

pone en tus manos cálidas y en tus dos ojos fuertes

las tardes más intensas, las mañanas más claras.


¿De dónde vienes tú, que no preguntas

-nunca más hombre alguno miró tan lentamente-

las noches que limitan nuestra altura?


¿De dónde tú, que en suave curvatura

pisas el corazón de las tinieblas

y sostienes seguro, con tus tres dedos jóvenes,

el valor, la belleza, la dignidad del hombre?


Non torna il cuore, ma la pietra

mette nelle tue calide mani e nei tuoi forti occhi 

le sere più intense, le mattine più limpide.


Da dove vieni tu, che non chiedi

-mai più uomo alcuno ha guardato così lentamente-

sulle notti che limitano la nostra altezza?


Da dove tu, che con leggera curvatura

calchi il ​​cuore delle tenebre

e sostieni sicuro, con le tue tre giovani dita,

il valore, la bellezza, la dignità dell'uomo?


                                                                 (de Pórtico de la memoria. Colección alcazaba, Badajoz, 1993)

ROMA

 de/di Santos Domínguez Ramos

(trad. Marcela Filippi)


Cómo morir aquí, donde la higuera

trenza el galope en bronce de los siglos

y extiende su aspereza como si una paloma

abriese en plena noche la curva de estas tardes.


Come morire qui, dove l'albero di fico

intreccia il galoppo in bronzo dei secoli

ed espande la sua severità come se una colomba

aprisse nel cuore della notte le anse di queste sere.


                                                          (de Pórtico de la memoria. Colección alcazaba, Badajoz, 1993)

venerdì 5 marzo 2021

ACEPTEMOS/ACCETTIAMO

 de Olalla Castro Hernández

(trad. Marcela Filippi)


Está bien. 

Aceptemos que hay un yo

que, de un golpe de voz, 

puede ser dicho.

Aceptemos que ese yo 

que es capaz de nombrarse

tiene a veces mi cara,

se parece a este cuerpo esquinado.

Está bien. 

No hablemos de ficción ni de relato.

Repitamos yo, yo, yo 

tantas veces como sean precisas para armarlo.


Juntemos las astillas 

hasta inventar el hueso.

Pronunciemos yo

y veamos qué turba 

se despierta al decirlo.


Va bene.

Accettiamo che ci sia un io

che, con un colpo di voce,

si possa dire.

Accettiamo che quell'io

che è capace di nominarsi

a volte abbia la mia faccia,

somigli a questo corpo messo all'angolo.

Va bene.

Non parliamo di finzione né di racconto.

Ripetiamo io, io, io

tante volte 

quante siano necessarie per comporlo.


Mettiamo insieme le schegge

fino a inventare l'osso.

Pronunciamo io

e vediamo quale turba

si desta nel dirlo.


                                               (Del libro Inventar el hueso, Premio Unicaja de Poesía. Pre-Textos, 2019)

LUNA LLENA EN PLAZA NAVONA/LUNA PIENA IN PIAZZA NAVONA

 de/di José María Jurado García-Posada

(trad. Marcela Filippi)


Bajo la sombra grave de la noche

y decrépitas calles que oficiaban

un tributo macabro a la belleza,

llegamos a la plaza y a la luna

como quien llega al mar, aquí, la muerte.


En esta elipse orbita      

                                        la perfección del barroco.


Sobre el antiguo estadio de Domiciano 

los palacios y fuentes se suceden,

se suceden los pórticos, las cúpulas,

y la Iglesia Triunfante glorifica

la sangre de los mártires.


No hay muchos escenarios así sobre la tierra,

pero si apartas el telón verás los huesos

apilados tras siglos de dolor.


Aún rugen en las gradas las masas poseídas

por una sed de sangre no saciada

y entre aquellas hogueras la pureza

subía hacia los cielos como un cántico.


Mirad la luna llena,

hecha del mismo mármol que los siglos

alumbrando los ojos de los muertos,

viene a pasar revista a sus legiones.


¿Por qué estamos aquí?



Sotto la grave ombra della notte

e decrepite strade che officiavano

un tributo macabro alla bellezza,

siamo arrivati alla piazza e alla luna

come chi giunge al mare, qui, la morte.


In questa ellisse orbita

                                        la perfezione del barocco.


Sopra l'antico stadio di Domiziano

i palazzi e le fontane si susseguono,

si susseguono i portici, le cupole,

e la Chiesa trionfante glorifica

il sangue dei martiri.


Non ci sono molti scenari siffatti sulla terra,

ma se sposti il sipario vedrai le ossa

ammassate da secoli di dolore.


Ancora ruggiscono sui gradini le masse possedute 

da una sete di sangue non saziata

e tra quei roghi la purezza

saliva in cielo come un cantico.


Guardate la luna piena

fatta con lo stesso marmo dei secoli

illuminando gli occhi dei morti,

viene a esercitare il controllo sulle sue legioni.


Perché siamo qui?


                                                                                                        (de Gusanos de seda. 2016)


EL ARCA DE LOS DONES/L'ARCA DEI DONI

 de/di Juan Carlos Mestre

(trad. Marcela Filippi)


Mi alma es esa casa de madera que arrastra el vendaval.

A veces en la noche yo siento acercarse a un huésped invisible y oigo girar su llave y escucho avanzar sus pasos.

Entonces la poesía, cada pluma arrancada a las alas de un ángel, es la semejanza de una casa en el aire,el portal luminoso, las ventanas abiertas, el que empuja la puerta y el que entra seguro y se acerca hasta el arca y reparte los dones.

Doy al amanecer, cuando la sangre de los delfines se derrama lentamente sobre el serrín de las cervecerías, un cuchillo blanco.

Al que bajo el hielo negro de la noche caminó conmigo y sufrió conmigo la dócil alianza del fracaso,dejo la herida.

A la columna de silencio de esa muchacha que rozada por el tacto de la obediencia guarda en su pensamiento la perfección de la muerte, una copa de viento y de raíces.

Al río de mi infancia donde bebió Demócrito de Siracusa la niebla del espíritu, la claridad que ya no tendrán mis ojos.

A la ciudad que cercada por la elipse del envejecimiento enterró su memoria junto a las norias de la desposesión, una tumba vacía.

Al muchacho judío que ante un espejo empañado contempla el rubí de su alma atravesado por la espina de la crucifixión, una caja de música.

A la sombra de mi padre contemplando la Luna, una cabaña en el bosque.

Al que en los atrios de la conformidad padeció la pobreza mas no será nombrado en las tablas de la justicia, la balanza con los alimentos.

A la orilla del mar, un caballo con cabeza de tortuga romana. 

A la mujer que me amó con la fidelidad del astrónomo, dejo el resplandor, el halo de una estrella cuyo astro no existe.

Al ibis, la analogía de las agujas.

Para el que estrechamente vigilado por la locura hizo vibrar el ángulo recto de las constelaciones, el acordeón y las palomas verdes de la plaza.

Para ti, amor mío, el río eterno de los dioses y sus gatos sagrados.

Al insobornable enemigo cuya víctima fue feliz como un imán vertiginoso ante los filamentos de la melancolía, una silla de enea.

A la muerte, una puerta abierta.

Al ajusticiado en el abismo  de  su   propia escritura que  solo  tuvo oídos para el ángel y amó la semejanza y la inutilidad de las cosas, una jaula con peces de madera.

Al otoño, la lejana memoria de las ballenas del cabo. 

A la sabiduría de los profetas, un candil de silencio.

A la lápida de Leonardo Mestre, los sueños que no tuvo y que ya nunca sabrá.

Al que con su linterna de fósforo ayudó a resistir y guió la navegación de los torturados, el faro de la utopía.

A la dulce mujer que se acercó a mi sombra como madre, el azul de mayo y el zumbido de las abejas en la primavera.

Al jardín de los monasterios, la alondra del alba y la rosa cortada del rabino.

Al tetrarca y al que está detrás de su lengua como un tábano, la urna rota del centauro ante la que un lacayo da voces.

A la tristeza que iba cruzando el puente aquella tarde de invierno, un revólver cerrado por un nudo.

Para el leñador que derribó el gran ciprés de los hermeneutas, el meteoro silvestre de las ciervas ingrávidas.

A la estatua de Francesco Orsini duque de Bomarzo, el vértigo transparente de la materia que huye.

A los versos que no escribí, un collar de frutos y semillas.

A la grieta del eremita, la pantera del anochecer.

A la memoria, la lluvia, el lirio de las estaciones abandonadas por las que pasa el ferrocarril sin detenerse.

A los amantes que descifran su desnudez en la oscuridad, un hilo de saliva.

A la pirámide del conocimiento, la amatista mojada del escarabajo y los élitros celestes del jeroglífico.

A La Habana de mis antepasados allá por mil novecientos veinte, la nieve.

Para Rousseau el Aduanero, los ágiles antílopes que cruzan el agua encarnada de los sueños.

Dad este libro a los animales, al búho y al alce, al armadillo y al erizo silvestre.

Arrancadle una a una sus páginas y dádselas a los animales. Dadle al hurón la oscuridad de la palabra búfalo y al búfalo la inmaculada pradera del billar de los bares.

Y de entre todos los dones y de entre todos los sueños, dadle a mi corazón una casa en el aire.


La mia anima è quella casa di legno trascinata dalla burrasca.

A volte di notte sento un ospite invisibile avvicinarsi  e sento la sua chiave girare e sento i suoi passi avanzare.

Quindi la poesia, ogni piuma strappata alle ali di un angelo, è la somiglianza di una casa nell'aria, il portale luminoso, le finestre aperte, colui che spinge la porta e colui che entra sicuro e si avvicina all'arca e distribuisce i doni.

Do all'alba, quando il sangue dei delfini si sparge lentamente sulla segatura delle birrerie, un coltello bianco.

A chi ha camminato con me sotto il gelo nero della notte e ha sofferto insieme a me la docile alleanza del fallimento, lascio la ferita.

Alla colonna di silenzio di quella ragazza che, sfiorata dal tocco dell'obbedienza, conserva nel suo pensiero la perfezione della morte, un calice di vento e radici.

Al fiume della mia infanzia dove Democrito di Siracusa bevve la nebbia dello spirito, la luminosità che i miei occhi non avranno più.

Alla città che circondata dall'ellisse dell'invecchiamento seppellì la sua memoria accanto alle norie degli smarrimenti, una tomba vuota.

Al ragazzo ebreo che davanti a uno specchio appannato contempla il rubino della sua anima trafitto dalla spina della crocifissione, una scatola musicale.

All'ombra di mio padre che contempla la luna, una capanna nel bosco.

A colui che negli atri della conformità ha sofferto la povertà ma non sarà citato nelle tavole della giustizia, la bilancia con gli alimenti.

In riva al mare, un cavallo con la testa di tartaruga romana.

Alla donna che mi ha amato con la fedeltà dell'astronomo, lascio lo splendore, l'aura di una stella il cui astro non esiste.

All'ibis, l'analogia degli aghi.

A chi, strettamente sorvegliato dalla follia, ha fatto vibrare l'angolo retto delle costellazioni, la fisarmonica e le colombe verdi della piazza.

Per te, amore mio, il fiume eterno degli dei e dei loro gatti sacri.

All'incorruttibile nemico la cui vittima fu felice come una calamita vertiginosa davanti ai filamenti della malinconia, una sedia di tifa.

Alla morte, una porta aperta.

Al giustiziato nell'abisso della sua stessa scrittura che ha avuto orecchie solo per l'angelo e ha amato la somiglianza e l'inutilità delle cose, una gabbia con pesci di legno.

All'autunno, la lontana memoria delle balene del capo.

Alla saggezza dei profeti, un lume del silenzio.

Alla lapide di Leonardo Mestre, i sogni che non ha avuto e che mai conoscerà.

A colui che con la sua torcia al fosforo ha aiutato a resistere e ha guidato la navigazione dei torturati, il faro dell'utopia.

Alla dolce donna che si è avvicinata come madre alla mia ombra, l'azzurro di maggio e il ronzio delle api in primavera.

Al giardino dei monasteri, l'allodola dell'alba e la rosa recisa del rabbino.

Al tetrarca e a chi sta dietro la lingua come un tafano, l'urna rotta del centauro davanti alla quale un servitore lancia grida.

Alla tristezza che stava attraversando il ponte quella sera d'inverno, una rivoltella bloccata da un nodo.

Per il taglialegna che ha abbattuto il grande cipresso degli ermeneuti, la meteora silvestre delle agili cerve.

Alla statua di Francesco Orsini Duca di Bomarzo, la vertigine trasparente della materia in fuga.

Ai versi che non ho scritto, una collana di frutti e di semi.

Alla fessura dell'eremita, la pantera del calar della notte.

Alla memoria, la pioggia, il giglio delle stazioni abbandonate dove passa il treno senza fermarsi.

Agli amanti che nel buio decifrano la loro nudità, un filo di saliva.

Alla piramide della conoscenza, l'ametista bagnata dello scarabeo e le elitre celesti del geroglifico.

All'Avana dei miei antenati intorno al 1920, la neve.

Per Rousseau il Doganiere, le svelte antilopi che attraversano l'acqua rubra dei sogni.

Date questo libro agli animali, al gufo e all'alce, all'armadillo e al riccio selvatico.

Strappate le sue pagine una ad una e datele agli animali. Date alla donnola l'oscurità della parola bufalo e al bufalo l'immacolata prateria del biliardo dei bar.

E tra tutti i doni e tra tutti i sogni, date al mio cuore una casa nell'aria.


                                                                                      (de La poesía ha caído en desgracia)


giovedì 4 marzo 2021

ÁGUILAS, 14

 de/di José María Jurado García-Posada

(trad. Marcela Filippi)

[Sevilla]

                                                                         «So many, I had not thought death had undone so many»*

                                                                                                                         T.S. Eliot, La tierra baldía


Llueve sobre la casa de mi madre.

El agua descuartiza las paredes.

De pie, bajo la lluvia, ante el umbral contemplo

cómo pasan las sombras,

cómo pasan las sombras de las sombras,

a través de los siglos y los siglos.


Este solar,

que alguna vez fue huerta, cuadra,

horno de pan, taller de alfarería,

vio desfilar las águilas de Roma

y ya llevaba mil años habitado.

Desde aquel remotísimo fenicio

que atravesó la niebla y los pantanos

y cobijó sus sueños tras un muro

en el siglo, ¿cuál?, antes del tiempo.


En su recinto

hubo alegría y duelo;

en primavera, flores y, en el invierno, lumbre.

Engendrados y muertos en la casa

se sucedieron hombres y mujeres

bajo los alminares y los galeones

como las hojas de los árboles.


Acaso pudo dar refugio

a un soldado de Urbina

o alojar a una escuadra de dragones franceses,

y escuchó –esto es seguro-

las radiadas arengas de Queipo de Llano

(«y nadie se atrevía a asomarse a las ventanas»).


Sentados a la mesa cuatro niños

atienden a sus juegos.

Mi madre borda y canta,

junto al balcón su padre lee

y una luz cereal ilumina la estancia.

Es una tarde clara de verano.

La última. 


Pasajeros terrestres de la casa.



Piove sulla casa di mia madre.

L'acqua distrugge le pareti.

In piedi sotto la pioggia, dinanzi alla soglia contemplo

come passano le ombre,

come passano le ombre delle ombre,

attraverso i secoli e i secoli.


Questa abitazione,

che una volta fu frutteto, borgo,

forno per il pane, laboratorio di ceramica,

ha visto sfilare le aquile di Roma

ed era abitata già da mille anni.

Da quel remotissimo fenicio 

che ha attraversò la nebbia e le paludi

e protesse i suoi sogni dietro un muro

nel secolo, quale?, prima del tempo.


Nel suo recinto

vi fu allegria e lutto;

in primavera, fiori e, in inverno, fuoco.

Generati e morti in casa

si sono succeduti uomini e donne 

sotto i minareti e i galeoni

come le foglie degli alberi.


Forse poté dare rifugio

a un soldato di Urbina

o alloggiare un'unità di draghi francesi,

e sentì -questo è certo-

le arringhe via radio di Queipo de Llano

("e nessuno osava affacciarsi alle finestre").


Seduti a tavola quattro bambini

si occupano dei loro giochi.

Mia madre ricama e canta,

accanto al balcone suo padre legge

e una luce di cereale illumina la stanza.

È un luminoso pomeriggio d'estate.

L'ultimo.


Passeggeri terrestri della casa.



*«Tantos, nunca creí que la muerte hubiera deshecho a tantos»

 «Mai avrei creduto che morte, tanta ne avesse disfatta»


N.B.: Águilas, 14 è una strada di Siviglia


                                                                                                                                           (de Gusanos de Seda. 2016)