venerdì 5 marzo 2021

EL ARCA DE LOS DONES/L'ARCA DEI DONI

 de/di Juan Carlos Mestre

(trad. Marcela Filippi)


Mi alma es esa casa de madera que arrastra el vendaval.

A veces en la noche yo siento acercarse a un huésped invisible y oigo girar su llave y escucho avanzar sus pasos.

Entonces la poesía, cada pluma arrancada a las alas de un ángel, es la semejanza de una casa en el aire,el portal luminoso, las ventanas abiertas, el que empuja la puerta y el que entra seguro y se acerca hasta el arca y reparte los dones.

Doy al amanecer, cuando la sangre de los delfines se derrama lentamente sobre el serrín de las cervecerías, un cuchillo blanco.

Al que bajo el hielo negro de la noche caminó conmigo y sufrió conmigo la dócil alianza del fracaso,dejo la herida.

A la columna de silencio de esa muchacha que rozada por el tacto de la obediencia guarda en su pensamiento la perfección de la muerte, una copa de viento y de raíces.

Al río de mi infancia donde bebió Demócrito de Siracusa la niebla del espíritu, la claridad que ya no tendrán mis ojos.

A la ciudad que cercada por la elipse del envejecimiento enterró su memoria junto a las norias de la desposesión, una tumba vacía.

Al muchacho judío que ante un espejo empañado contempla el rubí de su alma atravesado por la espina de la crucifixión, una caja de música.

A la sombra de mi padre contemplando la Luna, una cabaña en el bosque.

Al que en los atrios de la conformidad padeció la pobreza mas no será nombrado en las tablas de la justicia, la balanza con los alimentos.

A la orilla del mar, un caballo con cabeza de tortuga romana. 

A la mujer que me amó con la fidelidad del astrónomo, dejo el resplandor, el halo de una estrella cuyo astro no existe.

Al ibis, la analogía de las agujas.

Para el que estrechamente vigilado por la locura hizo vibrar el ángulo recto de las constelaciones, el acordeón y las palomas verdes de la plaza.

Para ti, amor mío, el río eterno de los dioses y sus gatos sagrados.

Al insobornable enemigo cuya víctima fue feliz como un imán vertiginoso ante los filamentos de la melancolía, una silla de enea.

A la muerte, una puerta abierta.

Al ajusticiado en el abismo  de  su   propia escritura que  solo  tuvo oídos para el ángel y amó la semejanza y la inutilidad de las cosas, una jaula con peces de madera.

Al otoño, la lejana memoria de las ballenas del cabo. 

A la sabiduría de los profetas, un candil de silencio.

A la lápida de Leonardo Mestre, los sueños que no tuvo y que ya nunca sabrá.

Al que con su linterna de fósforo ayudó a resistir y guió la navegación de los torturados, el faro de la utopía.

A la dulce mujer que se acercó a mi sombra como madre, el azul de mayo y el zumbido de las abejas en la primavera.

Al jardín de los monasterios, la alondra del alba y la rosa cortada del rabino.

Al tetrarca y al que está detrás de su lengua como un tábano, la urna rota del centauro ante la que un lacayo da voces.

A la tristeza que iba cruzando el puente aquella tarde de invierno, un revólver cerrado por un nudo.

Para el leñador que derribó el gran ciprés de los hermeneutas, el meteoro silvestre de las ciervas ingrávidas.

A la estatua de Francesco Orsini duque de Bomarzo, el vértigo transparente de la materia que huye.

A los versos que no escribí, un collar de frutos y semillas.

A la grieta del eremita, la pantera del anochecer.

A la memoria, la lluvia, el lirio de las estaciones abandonadas por las que pasa el ferrocarril sin detenerse.

A los amantes que descifran su desnudez en la oscuridad, un hilo de saliva.

A la pirámide del conocimiento, la amatista mojada del escarabajo y los élitros celestes del jeroglífico.

A La Habana de mis antepasados allá por mil novecientos veinte, la nieve.

Para Rousseau el Aduanero, los ágiles antílopes que cruzan el agua encarnada de los sueños.

Dad este libro a los animales, al búho y al alce, al armadillo y al erizo silvestre.

Arrancadle una a una sus páginas y dádselas a los animales. Dadle al hurón la oscuridad de la palabra búfalo y al búfalo la inmaculada pradera del billar de los bares.

Y de entre todos los dones y de entre todos los sueños, dadle a mi corazón una casa en el aire.


La mia anima è quella casa di legno trascinata dalla burrasca.

A volte di notte sento un ospite invisibile avvicinarsi  e sento la sua chiave girare e sento i suoi passi avanzare.

Quindi la poesia, ogni piuma strappata alle ali di un angelo, è la somiglianza di una casa nell'aria, il portale luminoso, le finestre aperte, colui che spinge la porta e colui che entra sicuro e si avvicina all'arca e distribuisce i doni.

Do all'alba, quando il sangue dei delfini si sparge lentamente sulla segatura delle birrerie, un coltello bianco.

A chi ha camminato con me sotto il gelo nero della notte e ha sofferto insieme a me la docile alleanza del fallimento, lascio la ferita.

Alla colonna di silenzio di quella ragazza che, sfiorata dal tocco dell'obbedienza, conserva nel suo pensiero la perfezione della morte, un calice di vento e radici.

Al fiume della mia infanzia dove Democrito di Siracusa bevve la nebbia dello spirito, la luminosità che i miei occhi non avranno più.

Alla città che circondata dall'ellisse dell'invecchiamento seppellì la sua memoria accanto alle norie degli smarrimenti, una tomba vuota.

Al ragazzo ebreo che davanti a uno specchio appannato contempla il rubino della sua anima trafitto dalla spina della crocifissione, una scatola musicale.

All'ombra di mio padre che contempla la luna, una capanna nel bosco.

A colui che negli atri della conformità ha sofferto la povertà ma non sarà citato nelle tavole della giustizia, la bilancia con gli alimenti.

In riva al mare, un cavallo con la testa di tartaruga romana.

Alla donna che mi ha amato con la fedeltà dell'astronomo, lascio lo splendore, l'aura di una stella il cui astro non esiste.

All'ibis, l'analogia degli aghi.

A chi, strettamente sorvegliato dalla follia, ha fatto vibrare l'angolo retto delle costellazioni, la fisarmonica e le colombe verdi della piazza.

Per te, amore mio, il fiume eterno degli dei e dei loro gatti sacri.

All'incorruttibile nemico la cui vittima fu felice come una calamita vertiginosa davanti ai filamenti della malinconia, una sedia di tifa.

Alla morte, una porta aperta.

Al giustiziato nell'abisso della sua stessa scrittura che ha avuto orecchie solo per l'angelo e ha amato la somiglianza e l'inutilità delle cose, una gabbia con pesci di legno.

All'autunno, la lontana memoria delle balene del capo.

Alla saggezza dei profeti, un lume del silenzio.

Alla lapide di Leonardo Mestre, i sogni che non ha avuto e che mai conoscerà.

A colui che con la sua torcia al fosforo ha aiutato a resistere e ha guidato la navigazione dei torturati, il faro dell'utopia.

Alla dolce donna che si è avvicinata come madre alla mia ombra, l'azzurro di maggio e il ronzio delle api in primavera.

Al giardino dei monasteri, l'allodola dell'alba e la rosa recisa del rabbino.

Al tetrarca e a chi sta dietro la lingua come un tafano, l'urna rotta del centauro davanti alla quale un servitore lancia grida.

Alla tristezza che stava attraversando il ponte quella sera d'inverno, una rivoltella bloccata da un nodo.

Per il taglialegna che ha abbattuto il grande cipresso degli ermeneuti, la meteora silvestre delle agili cerve.

Alla statua di Francesco Orsini Duca di Bomarzo, la vertigine trasparente della materia in fuga.

Ai versi che non ho scritto, una collana di frutti e di semi.

Alla fessura dell'eremita, la pantera del calar della notte.

Alla memoria, la pioggia, il giglio delle stazioni abbandonate dove passa il treno senza fermarsi.

Agli amanti che nel buio decifrano la loro nudità, un filo di saliva.

Alla piramide della conoscenza, l'ametista bagnata dello scarabeo e le elitre celesti del geroglifico.

All'Avana dei miei antenati intorno al 1920, la neve.

Per Rousseau il Doganiere, le svelte antilopi che attraversano l'acqua rubra dei sogni.

Date questo libro agli animali, al gufo e all'alce, all'armadillo e al riccio selvatico.

Strappate le sue pagine una ad una e datele agli animali. Date alla donnola l'oscurità della parola bufalo e al bufalo l'immacolata prateria del biliardo dei bar.

E tra tutti i doni e tra tutti i sogni, date al mio cuore una casa nell'aria.


                                                                                      (de La poesía ha caído en desgracia)


giovedì 4 marzo 2021

ÁGUILAS, 14

 de/di José María Jurado García-Posada

(trad. Marcela Filippi)

[Sevilla]

                                                                         «So many, I had not thought death had undone so many»*

                                                                                                                         T.S. Eliot, La tierra baldía


Llueve sobre la casa de mi madre.

El agua descuartiza las paredes.

De pie, bajo la lluvia, ante el umbral contemplo

cómo pasan las sombras,

cómo pasan las sombras de las sombras,

a través de los siglos y los siglos.


Este solar,

que alguna vez fue huerta, cuadra,

horno de pan, taller de alfarería,

vio desfilar las águilas de Roma

y ya llevaba mil años habitado.

Desde aquel remotísimo fenicio

que atravesó la niebla y los pantanos

y cobijó sus sueños tras un muro

en el siglo, ¿cuál?, antes del tiempo.


En su recinto

hubo alegría y duelo;

en primavera, flores y, en el invierno, lumbre.

Engendrados y muertos en la casa

se sucedieron hombres y mujeres

bajo los alminares y los galeones

como las hojas de los árboles.


Acaso pudo dar refugio

a un soldado de Urbina

o alojar a una escuadra de dragones franceses,

y escuchó –esto es seguro-

las radiadas arengas de Queipo de Llano

(«y nadie se atrevía a asomarse a las ventanas»).


Sentados a la mesa cuatro niños

atienden a sus juegos.

Mi madre borda y canta,

junto al balcón su padre lee

y una luz cereal ilumina la estancia.

Es una tarde clara de verano.

La última. 


Pasajeros terrestres de la casa.



Piove sulla casa di mia madre.

L'acqua distrugge le pareti.

In piedi sotto la pioggia, dinanzi alla soglia contemplo

come passano le ombre,

come passano le ombre delle ombre,

attraverso i secoli e i secoli.


Questa abitazione,

che una volta fu frutteto, borgo,

forno per il pane, laboratorio di ceramica,

ha visto sfilare le aquile di Roma

ed era abitata già da mille anni.

Da quel remotissimo fenicio 

che ha attraversò la nebbia e le paludi

e protesse i suoi sogni dietro un muro

nel secolo, quale?, prima del tempo.


Nel suo recinto

vi fu allegria e lutto;

in primavera, fiori e, in inverno, fuoco.

Generati e morti in casa

si sono succeduti uomini e donne 

sotto i minareti e i galeoni

come le foglie degli alberi.


Forse poté dare rifugio

a un soldato di Urbina

o alloggiare un'unità di draghi francesi,

e sentì -questo è certo-

le arringhe via radio di Queipo de Llano

("e nessuno osava affacciarsi alle finestre").


Seduti a tavola quattro bambini

si occupano dei loro giochi.

Mia madre ricama e canta,

accanto al balcone suo padre legge

e una luce di cereale illumina la stanza.

È un luminoso pomeriggio d'estate.

L'ultimo.


Passeggeri terrestri della casa.



*«Tantos, nunca creí que la muerte hubiera deshecho a tantos»

 «Mai avrei creduto che morte, tanta ne avesse disfatta»


N.B.: Águilas, 14 è una strada di Siviglia


                                                                                                                                           (de Gusanos de Seda. 2016)



sabato 27 febbraio 2021

CANTA UNA VOZ SIN TIEMPO/CANTA UNA VOCE SENZA TEMPO

 de/di Santos Domínguez Ramos

(trad. Marcela Filippi)


Busca allí, donde el tiempo exacto de la huella, 

donde la luz recorta 

el fragor de las nubes, los truenos del paisaje. 


Allí, donde el temblor de la llama en la sombra, 

hallarás lo que buscas: 

las palabras que esconden el secreto del bosque, 

las brasas de los sueños, la efímera verdura 

-canta una voz sin dueño- 

de las eras. 


Donde los deterioros pudren agua y memoria 

y abren huecos de nada y pómulos vacíos, 

pétalos y osamentas por donde pasa el viento.


Y una voz desde dentro buscando la salida,

lo invisible, lo abierto, lo que no tiene nombre

ni rostro, ni memoria, lo que no vive nunca:

la cifra imaginaria de los azares últimos. 


La lección de tinieblas que construye en lo oscuro

el esqueleto vegetal del tiempo.



Cerca là, dove l'ora esatta della traccia,

dove la luce ritaglia

il fragore delle nuvole, i tuoni del paesaggio.


Là, dove il tremolio della fiamma nell'ombra,

troverai ciò che cerchi:

le parole che nascondono il segreto del bosco,

le braci dei sogni, l'effimera verzura 

-canta una voce senza padrone-

delle ere.


Dove i guasti decompongono acqua e  memoria

e aprono buchi nel nulla e scavano zigomi,

petali e ossature laddove passa il vento.


E una voce da dentro che cerca l'uscita

l'invisibile, ciò che è aperto, ciò che è senza nome

né volto, né memoria, ciò che non vive mai:

la cifra immaginaria delle casualità ultime.


La lezione di tenebre che costruisce al buio 

lo scheletro vegetale del tempo.


                        (de Regulación del sueño. Premio Poesía Flor de Jara. Diputación de Cáceres 2020)

LA AUSENTE/L'ASSENTE

de/di María Ángeles Pérez López

(trad. Marcela Filippi)


Me declaro la ausente,

la que deja su cuerpo en cualquier sitio

como quien se abandona con cansancio

y parece mirar cada grano de arena

que cae pesadamente mientras mide

la ruidosa llegada del futuro,

pero en verdad escucha los quejidos

que los otros esparcen en el viento

como los sembradores de cizaña,

el modo en que la savia recorre como sangre

el cuerpo vegetal de las encinas

cada vez más rojizas contra el sol,

ese temblor apenas perceptible

con que los saltamontes se estremecen

en el salto encharcado por el hambre

o la deflagración que hace estallar al hombre

y lo lanza con rabia contra el suelo

para el festín de lágrimas y pájaros

en el territorio llamado país.

Me declaro la ajena,

la que apoya sus brazos y sus hombros

contra un trozo infinito de pared

mientras tropieza lenta en cada signo

y busca ser visible-no visible,

infame paradoja en la que estar

peleando por mi trozo de dolor,

mi pan envejecido de repente,

pan ácimo y amargo en su alimento

pero tan necesario como el día

y el tiempo en el que gira el corazón.


Mi dichiaro l'assente,

colei che lascia il suo corpo ovunque

come chi si abbandona con stanchezza

e sembra che guardi ogni granello di sabbia

cadere pesantemente mentre misura

la rumorosa venuta del futuro,

ma in realtà ascolta i gemiti

che gli altri disperdono nel vento

come seminatori di zizzania,

il modo in cui la linfa percorre come il sangue

il corpo vegetale delle querce 

sempre più rosseggianti contro il sole,

quella scossa appena percettibile

con cui le cavallette si agitano

nel salto insudiciato dalla fame

o la deflagrazione che fa esplodere l'uomo

e lo lancia con rabbia a terra 

per il banchetto di lacrime e di uccelli

nel territorio chiamato paese.

Mi dichiaro aliena,

colei che appoggia le sue braccia e le sue spalle

contro uno scampolo infinito di parete

mentre inciampa lentamente in ogni segno

e cerca di essere visibile-non visibile,

infame paradosso in cui trovarsi

a litigare per la mia porzione di dolore,

il mio pane invecchiato all'improvviso,

pane azzimo e amaro nel suo alimento

ma tanto necessario come il giorno

e il tempo in cui gira il cuore.


                                                                                                                (Del libro La ausente. 2004)

venerdì 26 febbraio 2021

A RAS DE TIERRA/A RASO TERRA

 de/di Ana Montojo

(trad. Marcela Filippi)


Yo soy una mujer a ras de tierra,

nadie busque en mis versos arcoíris,

amapolas o lunas como témpanos.


Encontraréis personas

que sufren y que aman y que mueren

de soledad, que luchan cada día

sin saber ni por qué,

una supervivencia por instinto

contra un mundo imposible;

que se equivocan una vez tras otra,

que tal vez sean felices un instante

tropezando con piedras parecidas,

aun sabiendo seguro

que el cálido consuelo de otro cuerpo

es igual de fugaz que una perseida.


Personas que resisten, resisten y resisten

sin siquiera pensar por qué resisten

a la muerte, al dolor, a la miseria,

al hecho incuestionable de vivir

contra cualquier pronóstico optimista.


Es esa gente heroica sin saberlo

la que quiero contar en mis poemas.



Sono una donna a raso terra,

nessuno cerchi arcobaleni nei miei versi,

papaveri o lune come lastre di ghiaccio.


Troverete persone

che soffrono, che amano e che muoiono

di solitudine, che lottano ogni giorno

senza neanche sapere perché,

una sopravvivenza per istinto

contro un mondo impossibile;

che sbagliano una e più volte,

che forse sono felici per un instante

inciampando contro pietre simili,

anche sapendo con certezza

che il caldo conforto di un altro corpo

è fugace quanto una perseide.


Persone che resistono, resistono e resistono

senza nemmeno pensare perché resistono

alla morte, al dolore, alla miseria,

all'inquestionabile fatto di vivere

contro ogni previsione ottimistica.


E' quella gente eroica senza saperlo

che voglio raccontare nelle mie poesie.


                                     (Del libro Por si esto fuera poco. Edit. Huerga y Fierro, de próxima pubicación)


FURTIVA

de/di José A. Ramírez Lozano

(trad. Marcela Filippi)


Como la nieve cae

furtiva en la alta noche y va pisando

descalza los baldíos

sin que apenas las sombras

sospechen la costumbre

de su mansa blancura,

así también tu mano,

fría bajo las sábanas,

busca mi cuerpo tibio y lo acaricia

sin que la Muerte sepa

la virtud de su acto, su certeza,

el copo con que alivia

mi oscuro desamparo.


Così come cade la neve

furtiva nella notte alta e scalza

va calpestando la desolazione

senza che quasi le ombre

sospettino la consuetudine

del suo mansueto candore,

così anche la tua mano

fredda sotto le lenzuola,

cerca il mio corpo  tiepido e lo accarezza

senza che la Morte conosca

la virtù del suo tatto, la sua certezza,

il fiocco con cui lenisce

il mio oscuro avvilimento.


(Del libro La patria de sus náufragos. XXXVIII Premio "Leonor" de poesía. Diputación Provincial de Soria. 2019)






UNA ORACIÓN/UNA PREGHIERA

 de/di Jorge Luis Borges

(trad. Marcela Filippi)

Mi boca ha pronunciado y pronunciará, miles de veces y en los dos idiomas que me son íntimos, el padre nuestro, pero sólo en parte lo entiendo. Esta mañana, la del día primero de julio de 1969, quiero intentar una oración que sea personal, no heredada. Sé que se trata de una empresa que exige una sinceridad más que humana. Es evidente, en primer término, que me está vedado pedir. Pedir que no anochezcan mis ojos sería una locura; sé de millares de personas que ven y que no son particularmente felices, justas o sabias. El proceso del tiempo es una trama de efectos y de causas, de suerte que pedir cualquier merced, por ínfima que sea, es pedir que se rompa un eslabón de esa trama de hierro, es pedir que ya se haya roto. Nadie merece tal milagro. No puedo suplicar que mis errores me sean perdonados; el perdón es un acto ajeno y solo yo puedo salvarme. El perdón purifica al ofendido, no al ofensor, a quien casi no le concierne. La libertad de mi albedrío es tal vez ilusoria, pero puedo dar o soñar que doy. Puedo dar el coraje, que no tengo; puedo dar la esperanza que no esta en mí; puedo enseñar la voluntad de aprender lo que sé apenas o entreveo. Quiero ser recordado menos como poeta que como amigo; que alguien repita una cadencia de Dunbar o de Frost o del hombre que vio en la medianoche el árbol que sangra, la Cruz, y piense que por primera vez la oyó de mis labios. Lo demás no me importa; espero que el olvido no se demore. Desconocemos los designios del universo, pero sabemos que razonar con lucidez y obrar con justicia es ayudar a esos designios, que no nos serán revelados.

Quiero morir del todo; quiero morir con este compañero, mi cuerpo.


La mia bocca ha pronunciato e pronuncerà, migliaia di volte e nelle due lingue che mi sono intime, il Padrenostro, ma lo capisco solo in parte. Questa mattina,  del 1 luglio del 1969, voglio tentare una preghiera che sia personale, non ereditata. So che è un'impresa che esige una sincerità più che umana. È evidente, in primo luogo, che mi è vietato chiedere. Chiedere che i miei occhi non diventino notte sarebbe una follia; so di migliaia di persone che vedono e che non sono particolarmente felici, giuste o sagge. Il processo del tempo è una trama di effetti e cause, per cui chiedere misericordia, per infima che sia, è chiedere che si spezzi un cerchio di quella trama di ferro, è chiedere che si sia già spezzato. Nessuno merita un tale miracolo. Non posso supplicare che i miei errori mi siano perdonati; il perdono è un altrui atto e solo io posso salvare me stesso. Il perdono purifica l'offeso, non l'autore dell'offesa, al quale quasi non riguarda. La libertà della mio arbitrio è forse illusoria, ma posso dare o sognare di dare. Posso dare il coraggio, che non ho; posso dare la speranza, che non è in me; posso insegnare la volontà di imparare ciò che conosco appena o che intravedo. Voglio essere ricordato meno come poeta che come amico; che qualcuno ripeta una cadenza di Dunbar o di Frost o dell'uomo che vide l'albero sanguinare a mezzanotte, la Croce, e pensi che per la prima volta l'ha sentito dalle mie labbra. Il resto non mi importa; spero che l'oblio non tardi. Non conosciamo i disegni dell'universo, ma sappiamo che ragionare con lucidità e agire con giustizia è agevolare quei disegni, che non ci saranno rivelati.

Voglio morire del tutto; voglio morire con questo compagno, il mio corpo.


                                                                                                         (De libro Elogio de la sombra.1969)