mercoledì 13 novembre 2019

ESCRITO EN EL AGUA/SCRITTO NELL’ACQUA

de/di Santos Domínguez Ramos
(trad. Marcela Filippi)
                                             Lo mejor del recuerdo es el olvido. 
                                                                Manuel Alcántara
Desde el brocal de un pozo ves la luz detenida,la oscuridad del ecoque responde a la piedra que has lanzadoa la insondable latitud del tiempo.
Luna azul que amanece en la orilla del tiemposobre el primer destello de la noche,sobre el indicio unánime del hueco.
Y el invisible fondo te devuelveel sigilo coral de sus ondas concéntricas,las cámaras secretas de un corazón cansado,la memoria menguante que se escribió en el agua.
La miglior cosa del ricordo è l'oblio. Manuel Alcántara
Dal bordo di un pozzo vedi la luce immota,l'oscurità dell'ecoche risponde alla pietra che hai lanciatoall’insondabile latitudine del tempo.
Luna blu che sorge al margine del temposul primo bagliore della notte,sull’indizio unanime del buco.
E l'invisibile fondo ti restituiscela furtività corale delle sue onde concentriche,le camere segrete di un cuore stanco,la memoria in calo che è stata scritta nell'acqua.

(de El viento sobre el agua, XXXVI Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez)

martedì 12 novembre 2019

BAJCSY-ZSILINSZKY UTCA, 3-5

de Marta López Vilar
(trad. Marcela Filippi)
Es pequeña mi casa. Apenas se recorre con la misma rapidez con la que el frío se queda atrapado en los cristales. La luz es cálida aquí dentro. Parece no saber nada. Entre nosotras hay un silencio protector. Me descalzo antes de entrar, para que no se entere de la nieve en mis zapatos. Mi casa ignora el hielo. Creo que no conoce que ahí mueren los insectos. Que ese mismo hielo puede helar la fuente de la plaza. Que por eso no tiene agua en los inviernos. Eso dicen.
Sólo abro sus ventanas en mayo, cuando entra un tibio aire de tormenta. Sólo entonces oye las campanas de la Gran Iglesia. Cada mayo las oye. Cada mayo conoce los números del tiempo. Una vez le traje una flor roja que nació en el patio. La dejé en el mueble. Era hermosa. Fue aquel día tardío que recibí una carta en blanco de alguna parte que ya no pude recordar.
La mia casa è piccola. Appena la si percorre con la stessa rapidità con cui il freddo rimane intrappolato sui cristalli. La luce è calida qui dentro. Sembra non sapere nulla. Tra di noi c'è un silenzio protettivo. Mi scalzo prima di entrare, affinché non sappia della neve nelle mie scarpe. La mia casa ignora il ghiaccio. Penso che non sappia che lì muoiano gli insetti. Che lo stesso ghiaccio può congelare la fontana nella piazza. Ecco perché non ha acqua negli inverni. Così dicono.

Apro le sue finestre solo a maggio, quando entra un’aria tiepida di tempesta. Solo allora sente le campane della Grande Chiesa. Ogni maggio le sente. Ogni maggio conosce i numeri del tempo. Una volta le ho portato un fiore rosso che era nato nel cortile. L'ho lasciato sul mobile. Era bellissimo. Fu quel giorno tardivo in cui ricevetti una lettera in bianco da qualche luogo che  non ho potuto più ricordare.

*Calle BAJCSY-ZSILINSZKY, en la ciudad. El lugar donde estaba mi casa
(El Gran Bosque, II Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro Fundación Centro de poesía José Hierro, Pre-Textos Poesía, 2019)

LA NOCHE/LA NOTTE

de/di Jaime Sáenz
(trad. Marcela Filippi)
En las noches, a lo largo de los años, uno se queda horas y horas, pensando muchas cosas.
Pero en realidad, uno no se queda pensando muchas cosas, la verdad es que uno se queda y nada más.
Completamente inmóvil, mirando el vacío. Y –por qué no decirlo- uno se pone triste, miserablemente triste.
Y lo que más tristeza causa es uno mismo –el estar ahí.
Sin saber qué hacer. Sin saber nada de nada.
Y de repente ocurre un milagro:
el rato menos pensado, empieza a llover, y un relámpago te deslumbra –un sentimiento de invulnerabilidad te envuelve,
con la lluvia.
Y si te dan ganas de escribir algún poema evocador,
seguramente no lo escribes:
prefieres escuchar la lluvia.
Pues una voz interior te revela que aquel poema evocador se encuentra en tu bolsillo.
Y ésta es cosa que no te causa el menor asombro,
acostumbrado como estás a los prodigios:
en efecto, el poema se halla en tu bolsillo; y lo sacas, y lo miras, y lo lees.
Y de pronto te preguntas quién habrá sido su autor,
como si no supieras que aún no ha nacido.
Nelle notti, nel corso degli anni, uno rimane ore e ore pensando a molte cose.
Ma in realtà, uno non rimane pensando a molte cose, la verità è che uno rimane e nulla di più.
Completamente immobile, guardando il vuoto. E - perché non dirlo - uno diventa triste, miserabilmente triste.
E ciò che provoca più tristezza è se stessi: l’essere lì.
Senza sapere cosa fare. Senza sapere niente di niente.
E improvvisamente accade un miracolo:
nel momento meno pensato, inizia a piovere, e un lampo ti abbaglia - un sentimento di vulnerabilità ti avvolge,
con la pioggia.
E se ti vien voglia di scrivere qualche poesia evocativa,
sicuramente non la scrivi:
preferisci sentire la pioggia.
Poi, una voce interiore ti rivela che quella poesia evocativa si trova nella tua tasca.
E questa cosa che non ti provoca il minimo stupore,
abituato come sei ai prodigi:
in effetti, la poesia si trova nella tua tasca; e la tiri fuori, e la guardi, e la leggi.
E improvvisamente ti chiedi chi sarà stato il suo autore,
come se non sapessi che non è ancora nato.
(Jaime Sáenz, de la estancia V de “El guardián”, en el poema “La noche”)